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Estrenar una columna es un acto de fe: una ventana digital hacia eso que nos quema la cabeza y, quizás, una forma de dejar algo que sirva. Para este debut, el radar apunta directo a Venecia.

Silvina Scarano Semana 01 Read in English
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abstracto hombre y arte
AI assisted/generated image

La palabra "experiencia" ya no alcanza; la vanguardia digital ya no discute sobre soportes o interfaces. Hoy, muchos de los creadores más relevantes del circuito internacional trabajan exactamente sobre las mismas preguntas que desvelan a las compañías tecnológicas: percepción, interacción, datos, atención y vínculo humano. El arte contemporáneo lleva décadas investigando esos territorios, explorando qué le pasa a una persona después de interactuar con la obra. ¿Piensa distinto? ¿Cambia una conducta? ¿Se conmueve o siente pertenencia?

 

Crear puentes es el mayor desafío del arte actual, y la misión hoy es tenderlos directo hacia nuevos estados mentales. Por eso, cuando nos enteramos de que la Bienal 2026 —ideada por Koyo Kouoh— se titula In Minor Keys /En tonos menores, todo hizo clic. La exhibición, que conmueve al mundo y continuará haciéndolo hasta noviembre, demuestra precisamente eso: la tecnología hoy se disuelve en favor de la trascendencia. Los artistas convocados utilizan medios digitales —videoarte, instalaciones sonoras, entornos inmersivos y software— no como un fin tecnológico, sino como puentes conectores. La vanguardia digital renuncia al ruido de las pantallas y al espectáculo visual para operar en una frecuencia distinta. 

 

¿Qué es el arte digital contemporáneo sino una composición en tonos menores? No se trata del brillo de los píxeles, sino de la vibración del código.


Este arte no busca deslumbrar en alta fidelidad; resuena en las frecuencias bajas para atravesar nuestras zonas de vulnerabilidad y despertar estados de atención pura. Es un arte digital en su estado más íntimo: no se puede tocar, ocurre en el aire, en la luz, en un pixel o en un sonido. Es el puente perfecto que buscaba Kouoh; una vibración sutil que tiene el poder de reescribir nuestra memoria y modificar nuestra percepción desde la más absoluta inmaterialidad.

 

El artista británico Chris Levine toma esa posta. Durante la semana de apertura de la Bienal de Venecia 2026, Levine llevó esto al extremo con Higher Power, una instalación lumínica site-specific proyectada sobre el cielo de San Clemente: reconvirtió tecnología láser de grado militar para emitir un mensaje visual asociado a la contemplación profunda y la paz. Utiliza láseres de alta potencia, programación y sistemas ópticos avanzados no para crear un show de luces, sino para componer una frecuencia lumínica capaz de suspender la atención y empujar al público hacia un estado meditativo —¿podrá medirse la paz?—. El arte deja de ser inspiración estética para convertirse en laboratorio cultural.

 

Y me pregunto, cuando la pantalla finalmente se apague, ¿quedará algo vibrando dentro del espectador o solo habremos diseñado un vacío de alta resolución? Vamos a averiguarlo.

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