Durante los últimos años, gran parte de la conversación sobre inteligencia artificial giró alrededor de los modelos: cuál era más potente, cuál razonaba mejor, cuál escribía con mayor precisión o qué tareas podía resolver.

Esa etapa fue necesaria. Permitió entender el alcance de la tecnología y abrió una fase de experimentación que todavía continúa. Pero el centro de gravedad está empezando a desplazarse.

La pregunta decisiva ya no será qué puede hacer un sistema de IA en una demostración, sino cómo se lo incorpora a la operación cotidiana de una organización. Allí aparecen los problemas más difíciles: responsabilidades, secuencias, controles, excepciones, integración con otros sistemas y criterios para decidir cuándo debe intervenir una persona.

La tecnología abre posibilidades. El proceso determina cuáles de ellas llegan a convertirse en valor.

Esta semana, MAN/MACHINE explora ese nuevo territorio: la ingeniería necesaria para construir los procesos que la IA vuelve posibles.

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