Para muchas empresas, la primera etapa de la IA estuvo centrada en el acceso: dar herramientas a las personas, probar modelos y encontrar aplicaciones útiles.

La siguiente etapa es diferente. La IA empieza a operar dentro de los procesos. Las aplicaciones llaman a modelos automáticamente, a veces miles de veces por día, y cada una de esas operaciones consume recursos.

Esto cambia la economía del software.

La dirección tendrá que entender no solo qué puede hacer la IA, sino cuánto cuesta ejecutarla, cómo escala ese costo, qué modelos conviene utilizar para cada tarea y cuándo una alternativa cloud, comercial o de pesos abiertos resulta más conveniente.

La nota de tapa de esta semana analiza esa nueva disciplina: la economía de los tokens y la gestión de la inteligencia como un recurso de producción.

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