Parlantes Sonus Faber Concertino
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Recuerdo haber escuchado los Concertino por primera vez alrededor de 1998.

Sonaba Diana Krall, y lo que me impactó no fue el detalle, la potencia ni ninguna de las palabras habituales del vocabulario audiófilo. Fue, simplemente, la naturalidad con la que su voz y el piano aparecían desde dos parlantes sorprendentemente pequeños. Había una limitación evidente en el extremo grave, pero de alguna manera importaba poco. La ilusión era lo suficientemente convincente como para dejar de buscar lo que faltaba.

Ese era parte del encanto del Concertino original. Sonus faber lo presentó en 1994 como un parlante compacto de dos vías, y el nuevo Concertino G4 vuelve deliberadamente a esa idea tres décadas más tarde.

La forma sigue siendo inconfundiblemente Sonus faber: compacta, algo poco convencional y más cercana a una pieza de mobiliario italiano que a una caja rectangular anónima. La nueva versión combina nogal macizo, latón y terminaciones en cuero con un gabinete ventilado que utiliza corcho, continuando la tradición de la marca de emplear materiales naturales no sólo como decoración, sino como parte del diseño acústico.

Técnicamente, sigue siendo refrescantemente modesto. Es un parlante pasivo de dos vías, con una sensibilidad declarada de 85 dB y una respuesta en frecuencia que comienza en 60 Hz. En una época en la que las fichas técnicas compiten con cifras cada vez mayores, el Concertino no pretende ser un pequeño monstruo de rango completo.

Y quizás ese sea precisamente el punto.

Un buen parlante pequeño hace un intercambio. Renuncia a escala y a la octava más baja a cambio de coherencia, imagen estéreo y la capacidad de desaparecer dentro de una sala. Cuando ese intercambio está bien resuelto, uno deja de ser consciente de drivers, gabinetes y crossovers. Las voces adquieren cuerpo. Los instrumentos ocupan un espacio. El mecanismo desaparece.

El Concertino original hacía eso maravillosamente. Lo que recuerdo casi treinta años después no es su ficha técnica, sino una voz y un piano apareciendo frente a mí con una facilidad que parecía desproporcionada para el tamaño de aquellas pequeñas cajas.

El nuevo Concertino no necesita reproducir literalmente al anterior. Sonus faber lo presenta como un encuentro entre su herencia y la experimentación contemporánea, y probablemente ese sea el enfoque más interesante.

Algunos objetos merecen volver no porque la tecnología haya dejado de avanzar, sino porque la idea original ya era correcta.

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