Económico, compacto y genuinamente capaz, este amplificador Clase D demuestra cuán poco hardware puede necesitar realmente un buen sistema estéreo. Eso sí: conviene pedirlo con la fuente de 48 V.

Hay algo casi sospechoso en el Fosi Audio BT20A Pro. Es más pequeño que el transformador de alimentación de muchos amplificadores tradicionales, cuesta menos que algunos cables audiófilos y llega sin ninguna de las ceremonias físicas históricamente asociadas al hi-fi serio. No tiene un frente enorme, filas de entradas ni instrumentos iluminados. Solo una pequeña caja metálica, tres perillas y las conexiones necesarias para construir un verdadero sistema estéreo.

Y, sin embargo, funciona.

Tengo uno, y eso importa en este caso. Esta no es una recomendación basada exclusivamente en especificaciones ni en el entusiasmo que suelen generar los productos de audio económicos en Internet. En el uso cotidiano, el BT20A Pro suena limpio, controlado y completamente convincente. No produce ninguna transformación milagrosa ni pretende ser un amplificador sin restricciones presupuestarias. Simplemente mueve correctamente un par de parlantes pasivos, entrega volumen más que suficiente para una habitación normal y no se interpone entre el oyente y la música.

El amplificador está construido alrededor del chip Clase D TPA3255 de Texas Instruments. Acepta una señal analógica por RCA o Bluetooth, ofrece controles de graves y agudos con una posición neutra central e incluye una salida preamplificada de 3,5 mm controlada por el volumen, que puede utilizarse con un subwoofer activo u otro equipo. Sus amplificadores operacionales reemplazables también permiten experimentar, aunque la configuración estándar ya funciona perfectamente bien.

El panel frontal explica buena parte de su atractivo. El volumen está en el centro, los graves y agudos a cada lado, y no hay una aplicación, un menú ni un proceso de configuración entre el oyente y la música. Los puristas pueden dejar los controles de tono en su posición central. Para los demás, ofrecen una forma práctica de compensar una sala difícil, unos parlantes pequeños o grabaciones que necesitan algo de ayuda.

El Bluetooth lo vuelve conveniente, pero la entrada RCA es la que permite convertir al BT20A Pro en parte de algo más interesante. Se le puede conectar un streamer, un DAC, un televisor, una computadora, un preamplificador de phono o cualquier fuente convencional con nivel de línea. El pequeño Fosi pasa entonces a ser el centro de un sistema de audio minimalista. Si se agrega un buen par de parlantes pasivos, queda sorprendentemente poco por resolver.

La fuente también forma parte del amplificador

El BT20A Pro puede utilizarse con distintas fuentes de alimentación, pero la elección importa. Una fuente de menor voltaje resulta suficiente para niveles moderados y parlantes eficientes. La versión de 48 V, en cambio, proporciona mayor margen operativo y permite que la plataforma TPA3255 entregue una potencia considerablemente superior, especialmente con cargas de cuatro ohmios.

Mi recomendación es, por lo tanto, directa: comprarlo con la fuente de 48 V.

No porque todo el mundo necesite el máximo volumen, sino porque la potencia no se relaciona únicamente con cuán fuerte puede sonar un equipo. El margen adicional ayuda al amplificador a reproducir los picos musicales sin esfuerzo y le proporciona mayor autoridad con parlantes menos eficientes. El resultado no tiene por qué ser un cambio radical en el carácter tonal. Es, más bien, un sistema que se siente menos limitado cuando la grabación se vuelve exigente.

Las cifras máximas de potencia anunciadas por el fabricante no deben confundirse con la potencia continua y simultánea disponible en condiciones normales. Aun así, el BT20A Pro puede entregar una cantidad de potencia real notable para un equipo de este tamaño y precio, especialmente cuando se lo combina con la fuente de 48 V.

Lo que cambió no fue solamente la tecnología

Los amplificadores tradicionales eran grandes, en parte, porque sus fuentes, disipadores y etapas de salida debían ser grandes. Los diseños Clase D modernos modifican esa ecuación. Son altamente eficientes, generan relativamente poco calor residual y pueden entregar una potencia considerable desde un gabinete que alguna vez habría parecido absurdamente pequeño.

Eso no convierte automáticamente en bueno a cualquier amplificador Clase D. La implementación sigue siendo importante. También importan la calidad de la fuente, el ruido, la distorsión, el diseño térmico y el comportamiento frente a las cargas reales que presentan los parlantes. El mérito del BT20A Pro no es que exista la Clase D, sino que una implementación competente se haya vuelto tan económica.

La experiencia de escucha respalda esa impresión. El amplificador suena equilibrado, limpio y controlado. Ofrece potencia suficiente para la mayoría de los sistemas domésticos y no impone un carácter evidente sobre la música. No es simplemente una curiosidad que se vuelve atractiva porque cuesta poco. Es un amplificador creíble cuyo bajo precio lo hace especialmente fácil de recomendar.

Tiene limitaciones. Solo ofrece una entrada analógica. No tiene control remoto, DAC incorporado, preamplificador de phono ni pantalla. Quien quiera construir un sistema complejo con varias fuentes posiblemente lo supere con rapidez.

Pero ese no es el sistema que intenta ser.

El BT20A Pro está pensado para quien ya tiene —o solo necesita— una fuente, un par de parlantes pasivos y un control de volumen. Es ideal para un escritorio, una segunda habitación, un televisor, un taller o un sistema estéreo sencillo en el living. También puede devolverle la vida a un excelente par de parlantes antiguos cuyo amplificador original dejó de funcionar o quedó obsoleto.

Lo más convincente no es que pueda competir con todos los amplificadores costosos. Es que, para muchos oyentes y muchos sistemas, elimina por completo la necesidad de competir.

Una pequeña caja de aluminio, un buen par de parlantes y la fuente de 48 V pueden ser suficientes.

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