Cultura

El Nido y la Red

La naturaleza, la tecnología y las formas ancestrales de inteligencia empiezan a tejer la misma historia

Silvina Scarano Semana 08 Read in English
Compartir Compartir en LinkedIn Compartir en X Compartir en Facebook Compartir por email
abstracto nido y fibra óptica
AI assisted/generated image

La fotografía parece una obra de arte contemporáneo. Pero no lo es. Es un nido de pájaros construido con ramas, hojas secas... y cables de fibra óptica. Entre los materiales que las aves encontraron para proteger sus huevos aparecen también filamentos diseñados para transportar información a la velocidad de la luz. La imagen es hermosa pero, al mismo tiempo, perturbadora.

Un material diseñado para transmitir datos termina sosteniendo algo tan frágil como un huevo. Una tecnología concebida para conectar máquinas acaba formando parte de una arquitectura de la vida.

Los pájaros no distinguen entre lo natural y lo artificial. Construyen con lo que encuentran. Sin proponérselo, revelan una verdad que el arte contemporáneo lleva años explorando: naturaleza y tecnología hace tiempo dejaron de ser universos separados.

El artista argentino Tomás Saraceno lo entendió hace tiempo. Desde hace más de dos décadas desarrolla una práctica donde confluyen arquitectura, ciencia, biología, astronomía, arte y activismo. Estudia las telas de araña mediante escaneos tridimensionales y modelos computacionales, registra sus vibraciones, transforma datos en sonido y colabora con científicos para comprender cómo se comunican otras especies. Pero toda esa sofisticación tecnológica nunca ocupa el centro de la escena. En sus obras, una red nunca es solo una red: es un sistema de relaciones, un lenguaje y una forma de convivencia. La tecnología aparece casi en silencio, no como un espectáculo, sino como una herramienta para escuchar mejor aquello que siempre estuvo allí. Lejos de reemplazar a la naturaleza, permite comprenderla con mayor profundidad.

Su nueva exposición, Ancestral Futures, que inaugura el 17 de julio en el Haus der Kunst de Múnich, no es simplemente una muestra de arte contemporáneo. Es una invitación a cambiar la forma en que entendemos nuestra relación con el planeta, con otras especies y con los conocimientos que durante siglos fueron relegados por la idea de progreso.

Nacido en San Miguel de Tucumán y radicado desde hace años en Berlín, Saraceno construye, sobre todo, preguntas. ¿Es posible imaginar otra manera de vivir? ¿Qué ocurriría si dejáramos de pensar al ser humano como el centro de todo?

Ancestral Futures reúne dos de sus investigaciones más reconocidas: Aerocene, el proyecto que explora formas de vuelo sin combustibles fósiles, y Arachnophilia, su fascinante estudio sobre las arañas y sus redes como modelos de inteligencia y cooperación, junto con una nueva obra realizada con las once comunidades indígenas de la Red Atacama, en las Salinas Grandes, al norte de Argentina.

Allí, donde el litio se convirtió en uno de los minerales más codiciados para alimentar la transición energética mundial, también se libra una silenciosa batalla por el agua. Saraceno decide no hablar por esas comunidades, sino trabajar con ellas. El resultado es The Sanctuary of Water, una obra que trasciende los límites del museo para convertirse en una plataforma de reflexión sobre el extractivismo, la memoria y la defensa de los territorios ancestrales.

Mientras gran parte del mundo celebra la llegada de las energías verdes, el artista recuerda que ninguna transición será verdaderamente sustentable si reproduce las mismas lógicas de explotación sobre otros pueblos y otros ecosistemas.

Como ocurre desde hace años en su producción, las arañas vuelven a ser protagonistas. Sus telas revelan formas de comunicación, cooperación y diseño que desafían la mirada humana. Del mismo modo, sus esculturas infladas únicamente con aire y energía solar imaginan un futuro donde desplazarse no implique contaminar.

Más que objetos para contemplar, las obras funcionan como experiencias para desacelerar. Obligan al visitante a levantar la vista, escuchar, detenerse y aceptar que existen otras inteligencias además de la nuestra... y de la artificial.

Cada vez más artistas utilizan las tecnologías digitales no para construir universos paralelos, sino para comprender el mundo real. Los datos dejan de ser un fin para convertirse en una herramienta capaz de revelar aquello que el ojo humano no percibe.

Los filamentos de una telaraña y los cables de una fibra óptica pertenecen a mundos distintos, pero ambos hablan de conexiones. Uno nació de millones de años de evolución; el otro, de décadas de desarrollo tecnológico. Sin embargo, para un pájaro terminan cumpliendo la misma función: sostener.

Lejos de utilizar la tecnología como un espectáculo, Tomás Saraceno la integra silenciosamente a su proceso creativo. La tecnología no busca reemplazar a la naturaleza. Se convierte en una forma de comprenderla y de aprender de ella. El arte y la tecnología aparecen así no como un medio para escapar del mundo natural, sino para volver a él.

Yo vuelvo a mirar la foto Lo que me sorprende no es que un pájaro haya usado un cable, sino que la naturaleza, una vez más, haya encontrado la manera de convertir un resto de nuestra civilización en el comienzo de otra historia. Ese nido parece confirmar que existe una inmensa red de interdependencias que no distingue entre épocas, especies, materiales ni tecnologías. Simplemente sigue tejiéndose.

La humanidad nunca dejó de tejer; solo cambió los hilos. Penélope tejía mientras esperaba. Y si Ulises hubiera tenido un dron, quizá La Odisea hubiese sido bastante más corta. Pero esa es otra historia…

LinkedIn

Continuá la conversación en LinkedIn

LinkedIn

Más para leer

Cultura La Obra Respira Cultura Frankenstein y Los Agentes de IA: La Misma Pregunta, Doscientos Años Después Cultura El Sonido se Convierte en una Decisión

Seguir leyendo

Explorar temas

IA y Sociedad Automatizacion Negocios Cultura Diseno Trabajo Humano +