Antes Del Píxel, El Hilo
De los tapices de Goya a los telares computarizados
Veo los dos tapices de Goya en el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires, Argentina). Busco la distancia justa para mirar una imagen tejida.
La cometa y La gallina ciega, diseñadas por Goya entre 1776 y 1788 y tejidas en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, llegan a Buenos Aires desde la Galería de las Colecciones Reales de España. Se exhiben hasta el 17 de enero de 2027 y es la primera vez que una obra de esa institución se presenta en América.
Las escenas parecen sencillas.
Un grupo de jóvenes juega. Otros conversan. Hay campo, vestidos, gestos, ocio, seducción. Goya construye situaciones reconocibles, incluso amables. Pero cuanto más las miro, menos inocentes resultan. Ese es uno de sus recursos más potentes: mostrar la vida cotidiana para hablar de otra cosa.
La gallina ciega representa un juego, pero también pone en escena el engaño, el cortejo, las apariencias y las relaciones sociales. Goya no escribe una moraleja. La deja actuar dentro de la escena. Y entonces miro la ropa.
Los vestidos, los colores, las telas, los accesorios, las diferencias entre los personajes. Nada está ahí solamente para embellecer. La indumentaria ubica socialmente, construye género, edad, posición, deseo. Cuenta.
Goya realizaba los cartones que servían como modelo. Los tejedores traducían esas imágenes a lana y seda, transformando líneas, colores, luces y figuras en una trama. La imagen se construía hilo por hilo. Esa operación contiene una historia tecnológica fascinante.
En 1804, Joseph Marie Jacquard presentó en Lyon un telar que utilizaba tarjetas perforadas para controlar el levantamiento de los hilos y producir diseños complejos. Las tarjetas funcionaban como instrucciones: su secuencia determinaba el patrón. El telar estaba fabricando textiles, pero también estaba trabajando con una lógica programable.
Charles Babbage conoció el sistema y lo tomó como referencia para su máquina analítica. Ada Lovelace comprendió el potencial de esa lógica para trabajar con instrucciones y operaciones. La historia de la computación tiene, entre sus antecedentes, un telar.
Un patrón textil podía convertirse en una secuencia de instrucciones.Hoy esa relación vuelve a entrar en el arte.
En Tilburg, el TextielMuseum celebra en 2026 los 25 años de su TextielLab con Man <3 Machine, una exposición que reúne once obras producidas allí mediante la colaboración entre artistas, diseñadores, especialistas textiles y máquinas. El tejido controlado por computadora permite construir estructuras complejas capa por capa y desarrollar piezas que dejan de ser superficies planas para adquirir volumen y forma.
En San José, California, The Woven Pixel exploró justamente el surgimiento del tejido digital y reunió trabajos realizados con telares digitales y software Jacquard. El título apunta a una relación concreta: cada cruce entre trama y urdimbre puede funcionar como una unidad mínima de construcción de la imagen.
Un píxel construye una imagen mediante unidades.Un tejido también. Cambian las herramientas, la escala y el resultado pero la lógica de construcción permanece. El fenómeno no queda encerrado en los telares.
La moda también está entrando al museo con fuerza. El Louvre presentó Louvre Couture, donde piezas contemporáneas de grandes diseñadores dialogaron con pinturas, esculturas y objetos de sus colecciones. La exposición planteó la moda desde una perspectiva de historia del arte, técnicas, referencias e influencias.
La pasarela agrega otra dimensión: movimiento. Una prenda no permanece quieta en una vitrina. Tiene cuerpo, escala, caída, sonido, desplazamiento. El espectador ya no mira solamente un objeto: mira cómo ese objeto transforma un cuerpo.
Hoy el textil vuelve a encontrarse con el arte digital. Después de años mirando imágenes luminosas en pantallas, el tejido devuelve peso, volumen, textura, temperatura. Puede cubrir un cuerpo, dividir un espacio, convertirse en arquitectura. Puede ser blando o estructural. Y puede ser programado.
El regreso del textil al museo no trata de recuperar una técnica antigua como objeto decorativo. El tejido conecta programación y oficio, imagen y objeto, superficie y espacio.
Vuelvo a Goya y lo que veo frente a sus tapices: la capacidad de la materia para esconder información. Sus diseños son escenas tejidas que hablan de moral, deseo, apariencias y relaciones sociales. El hilo no ilustra: expone.
El arte textil contemporáneo retoma esa potencia con otros materiales, otros cuerpos y nuevas tecnologías. ¿Y qué exponen hoy sus hilos? moral, deseo, apariencias, relaciones sociales.
Goya, hay cosas que no cambian.