Cultura

Art Basel 2026: Punto Cero

El año en que los datos se colaron en la conversación

Silvina Scarano Semana 06 Read in English
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abstracto arte moderno
AI assisted/generated image

Hay una escena que se repite cada junio en Basilea. Miles de personas caminan entre pabellones gigantescos mirando pinturas, esculturas, instalaciones monumentales y, sobre todo, buscando una respuesta silenciosa a una pregunta incómoda: ¿hacia dónde va el arte? Este año, en Art Basel 2026, una de las tantas posibles respuestas apareció donde muchos la esperaban: en los ”datos”.


Art Basel se desarrolló del 18 al 21 de junio y reunió a más de 290 galerías y más de 4.000 artistas de todo el mundo, consolidando una vez más a Basilea como el gran centro gravitacional del mercado internacional. Durante años, la gran conversación de la feria más importante del mundo giró alrededor de los nombres consagrados, las cifras millonarias y las obras "trofeo". Este año esas operaciones siguieron existiendo (un Picasso vendido por 35 millones de dólares fue uno de los titulares de apertura), pero la verdadera novedad apareció en otro lugar. A pocos metros de las pinturas y esculturas tradicionales debutó en Europa "Zero 10", una plataforma dedicada al arte digital. No se trató simplemente de una sección tecnológica. Fue una declaración de principios.


En 1915, el artista Kazimir Malévich presentó por primera vez el Suprematismo (incluyendo su célebre Cuadrado Negro). Malévich afirmó que quería reducir el arte a su "punto cero" para liberarlo del peso del mundo académico tradicional y empezar a crear desde la abstracción pura. La era digital representa un nuevo "punto cero", un lienzo completamente en blanco para redefinir qué es el arte y cómo lo experimentamos. Art Basel parece haber entendido que la próxima generación de coleccionistas creció frente a pantallas y que sus referencias visuales nacieron en un ecosistema completamente diferente al de quienes comenzaron comprando grabados o pinturas. Lo interesante no es que haya arte digital. Eso ya no sorprende a nadie. Lo interesante es que, por primera vez, la conversación estuvo centrada en la conservación.


¿Cómo se preserva una obra hecha con código? ¿Qué sucede cuando el software queda obsoleto? ¿Qué es exactamente el "original" de una pieza generada por inteligencia artificial?
Estas preguntas que hace apenas cinco años parecían filosóficas, hoy forman parte de las preocupaciones concretas de galeristas, museos y coleccionistas. Según el informe global de Art Basel y UBS, las ventas de arte digital crecieron del 1% al 3% del mercado mundial en apenas dos años. Sigue siendo una porción pequeña, pero la velocidad del crecimiento es imposible de ignorar. Las instituciones están aprendiendo a conservar sistemas, archivos, protocolos y datos. En otras palabras, están preservando información tanto como materia.


Zero10


En el arte contemporáneo hace tiempo que una obra ya no es solamente aquello que percibimos con los sentidos.También es el conjunto de instrucciones que la hace existir. También es el dato.También es la experiencia. Si hubo un lugar donde se percibió con claridad ese cambio de época fue en Zero10, la iniciativa de Art Basel dedicada a artistas que trabajan con tecnologías digitales. Este año tuvo en Basilea su debut europeo y además presentó su edición más ambiciosa hasta el momento. Curada por el estratega digital Eli Scheinman junto al artista Trevor Paglen, la plataforma reunió obras generativas, instalaciones digitales y proyectos que cruzan distintos medios. Más que una sección especializada, funcionó como una ventana hacia una escena artística que hasta hace poco ocupaba los márgenes y que hoy empieza a instalarse en el centro de la conversación. Coleccionistas, curadores y representantes de museos se acercaron a explorar un territorio que ya no parece una apuesta de futuro sino una realidad del presente.


Las ventas de Zero10 acompañaron esa sensación. La obra STANDARD (2022) de John Gerrard fue adquirida por una importante colección privada estadounidense por 500.000 dólares. Se trata de una obra de simulación digital en tiempo real que representa una llamarada de gas en forma de bandera sobre el océano Pacífico Sur, cerca de Tonga, funcionando como una señal de alarma frente a un océano en calentamiento. Además, se vendieron varias obras del artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer y doce trabajos de la pionera del arte generativo Vera Molnár encontraron nuevos coleccionistas entre Europa y Estados Unidos.


Más allá de las cifras, el dato revela algo más interesante: el mercado ya no observa estas prácticas como una curiosidad tecnológica. La feria más convocante del planeta entiende y está atenta. Si el siglo XX estuvo obsesionado con conservar objetos, el siglo XXI parece enfrentarse a un desafío mucho más complejo: conservar información sin perder la emoción que la hizo valiosa en primer lugar. Y esa conversación, silenciosa pero persistente, se escuchó en Art Basel.


La memoria cultural del futuro ya no se conserva solamente en depósitos, archivos y vitrinas. Habita servidores, algoritmos y sistemas capaces de preservar cada dato, cada imagen y cada movimiento con una precisión imposible para cualquier ser humano.
Sin embargo, hay algo que ninguna tecnología ha logrado resolver: por qué una obra nos persigue durante años y otra se desvanece apenas salimos de la sala. Mientras el mundo del arte aprende a conservar código, yo sigo apostando por un soporte mucho más frágil y mucho más imperfecto. Ese territorio desordenado donde no se almacenan datos sino emociones. La ciencia dirá que sólo bombea sangre. Pero sigue siendo el lugar donde sentimos que viven las cosas que no queremos olvidar.

Art Basel
Próxima edición: Art Basel Paris, del 23 al 25 de octubre de 2026, Grand Palais

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