Got You
En una antigua prisión de Venecia, Li Yi-Fan convierte cuerpos digitales y pantallas en una pregunta incómoda: ¿miramos lo que queremos o lo que nos muestran?
Octubre llega y la Biennale de Venecia empieza a entrar en su tramo final. En noviembre, cuando cierre sus puertas, habrá que esperar dos años para que los pabellones, los palacios y los canales vuelvan a llenarse de obras, artistas y visitantes llegados de todo el mundo. Mientras tanto, todavía queda tiempo para mirar algunas propuestas que siguen haciendo preguntas incómodas sobre nuestra manera de vivir con las imágenes.
En el Palazzo delle Prigioni, un antiguo espacio carcelario junto al Palazzo Ducale, Li Yi-Fan propone una de esas experiencias difíciles de olvidar. Su exposición Screen Melancholy, presentada como evento colateral de la 61ª Biennale, transforma el edificio en un escenario digital donde el cuerpo aparece fragmentado, multiplicado y convertido en imagen.
Una pantalla reproduce el propio Palazzo delle Prigioni, pero algo no termina de encajar. Dentro de esa arquitectura virtual se mueve un personaje parecido a un títere, mientras en la sala enormes manos, pies, brazos, cabezas y piernas impresos en 3D esperan al visitante. Algunas de esas piezas son esculturas; otras funcionan también como asientos. El cuerpo deja de ser una figura completa y se convierte en partes, objetos, modelos que pueden tocarse, fotografiarse y habitarse.
La escena mezcla videojuego, teatro absurdo, animación y sueño extraño. Detrás de esa apariencia lúdica aparece una pregunta muy concreta: ¿qué le pasa a nuestra percepción después de pasar tantas horas frente a una pantalla?
El artista taiwanés construye su mundo utilizando un game engine, una herramienta habitual en videojuegos, para reconstruir digitalmente el Palazzo delle Prigioni y animar a sus personajes. Después lleva algunos de esos elementos al espacio físico mediante impresión 3D. La operación invierte el recorrido habitual: aquello que nació como imagen digital termina ocupando espacio, tiene volumen y puede sostener nuestro cuerpo.
Li Yi-Fan además deja a la vista parte de la maquinaria. Modelado, superficies, máscaras, movimientos y keyframes dejan de ser recursos invisibles y pasan a formar parte de la experiencia. La obra muestra cómo se fabrica una imagen mientras nos hace dudar de aquello que estamos mirando.
Screen Melancholy nació como una reflexión sobre la llamada “melancolía de pantalla”, vinculada con la exposición prolongada a dispositivos, la sobrecarga de información y la transformación de nuestra experiencia sensorial. No plantea una nostalgia sencilla por un mundo sin tecnología. La nostalgia aparece en otro lugar: en la sensación de haber perdido cierta distancia frente a las imágenes. Antes una imagen podía detenernos. Hoy una imagen suele llevarnos inmediatamente hacia otra.
Una ventana abre otra ventana, un video conduce a otro, una búsqueda dispara diez nuevas. Deslizamos el dedo y el mundo continúa apareciendo. La pantalla parece ampliar infinitamente nuestro campo de visión, pero también puede convertir experiencias completamente diferentes en una sucesión de superficies que recorremos a la misma velocidad.
El artista recupera rastros del VHS, el cine, la fotografía, la pintura y los modelos físicos, pero no para reconstruir un pasado ideal. Los hace convivir con las herramientas digitales y con la lógica acelerada de la pantalla. Incluso introduce humor: un ojo intenta volver a casa, los órganos se encuentran y los personajes explican procedimientos tecnológicos como si participaran de una clase imposible.
El edificio agrega otra capa. El Palazzo delle Prigioni fue durante siglos un lugar de encierro. Ahora Li Yi-Fan lo convierte en una arquitectura virtual dentro de una arquitectura real. El visitante entra con el teléfono en la mano, mira una pantalla que reproduce el edificio donde se encuentra, fotografía esculturas que parecen partes de un cuerpo y puede sentarse sobre una enorme extremidad de plástico. Estamos dentro de una antigua prisión, rodeados de imágenes, mirando una pantalla mientras simultáneamente usamos nuestro propio dispositivo. Y también estamos dentro de la obra.
Screen Melancholy no intenta convencernos de que la tecnología es el problema ni propone apagar todos los dispositivos para recuperar una supuesta pureza perdida. Lo que hace es tomar las herramientas digitales, las desmonta delante nuestro y nos obliga a observar cómo construyen aquello que después condiciona nuestra mirada.
Li Yi-Fan propone de un modo inquietante: “¿Lo que ves en tu teléfono es realmente lo que querés ver, o simplemente te lo están mostrando?”.
Para el artista, descubrir que todo nos llega ya seleccionado produce una sensación de impotencia que constituye, precisamente, la verdadera melancolía.En su mundo podemos ser al mismo tiempo quienes miran y quienes son mirados, quienes mueven los hilos y quienes terminan moviéndose al ritmo de ellos. Titiritero o títere.
No quiero quedar atrapada. Salgo del Palazzo delle Prigioni. Afuera, la libertad, Venecia, el agua, la piedra, la luz. Camino, respiro y vuelvo a mirar el teléfono. Got me!