Re.parar
La tecnología repara sistemas para que vuelvan a funcionar; la vida nos recuerda que hay sistemas que, después de cambiar, necesitan algo más que reparación: cuidado.
Yo solía temerle. A la palabra que la denomina, a la incertidumbre que trae consigo, a esa sensación de que algo conocido puede cambiar de un momento a otro. Con el tiempo, empecé a descubrir que también hay otra manera de acercarse a la fragilidad: sin apurarse a resolverla, sin apartar la mirada. Quedarse un momento. Escuchar. Aceptar que no todo necesita una respuesta inmediata.
Llego al Palacio Libertad (Buenos Aires, Argentina) y entro en Re.parar, la exposición colectiva curada por Mariela Yeregui. Me propongo recorrerla despacio. No buscar enseguida un significado, ni intentar comprenderlo todo. Me detengo frente a cada obra. Me dejo abordar por lo que sucede.
La muestra reúne instalaciones de video, textiles y esculturas contemporáneas de diecisiete artistas. El punto de encuentro es el cuidado, entendido no solamente como una acción dirigida hacia otra persona, sino como una manera de estar en el mundo. Reparar puede ser recomponer algo que se ha roto, pero también atender aquello que se deteriora, sostener lo que parece a punto de caer o reconocer que algo necesita tiempo.
En la sala, esa idea toma formas muy distintas.
Me acerco a Archivo Lácteo, de Ana Laura Cantera. La obra, realizada en 2026, es un objeto tejido con hilos orgánicos extruidos a partir de leche materna y derivados de algas. Hay algo que me invita a mirar con atención la materialidad de la pieza: aquello que habitualmente asociamos con la alimentación, la intimidad y el comienzo de la vida aparece transformado en una trama. Un material biológico se convierte en materia para el arte. Lo que nutre también puede adquirir otra forma, otra presencia, otra duración.
Pienso en todo lo que el cuerpo produce y en la cantidad de procesos vitales que transcurren sin que reparemos en ellos. A veces necesitamos que algo cambie de escala para volver a mirarlo.
Sigo hacia Prácticas de reposición, de Gabriela Larrañaga, una instalación que reúne restos de jabones, desechos vegetales y cabellos. Son materiales que podrían pasar inadvertidos, vinculados con el uso cotidiano, la limpieza, materiales íntimos y ordinarios, casi invisibles.
Me quedo pensando en la reposición. En lo que se pierde y en lo que puede volver a reunirse. En los pequeños gestos que repetimos sin darles demasiada importancia: lavarnos, ordenar, cuidar, deshechar y volver a empezar. Hay una serenidad particular en observar esos restos sin apuro por ocultarlos.
Más adelante, Cómo habitar un cuerpo agotado, de Francesca Cantore, introduce otra presencia. La escultura electromecánica de 2026 lleva la pregunta hacia el cuerpo y sus límites. El título me acompaña mientras observo la pieza. ¿Cómo habitamos un cuerpo cuando ya no responde como esperamos? ¿Cómo seguir habitando un cuerpo cuando la energía, la capacidad de respuesta o la resistencia parecen agotadas?
No encuentro una respuesta cerrada. Y quizás no sea necesario encontrarla. La obra permite detenerse en una experiencia que suele quedar relegada cuando la vida cotidiana exige seguir adelante.
En Del colapso al origen (el duelo), de Mene Savasta Alsina, una instalación sonora y lumínica abre otro registro. El duelo tiene sus propios tiempos, sus interrupciones y sus regresos. La luz y el sonido construyen un espacio que no necesita explicar lo que ocurre. Un lugar para recordar, escuchar y elaborar la pérdida.
También me detengo frente a Mar Adentro, trilogía, de Analía Segal, una videoanimación en alta definición perteneciente a la serie Inner Compass, realizada entre 2020 y 2022. La imagen en movimiento propone sumergirse en la propia intimidad para encontrar refugio y reconectar. A veces la migración es hacia uno mismo.
El día de Karina (La ilusión), de Matilde Marín, parte de la serie Bricolage Contemporáneo. En la videoperformance (2002-2003), burbujas de ilusión vuelan sobre una ciudad con todos sus contrastes, un espacio y tiempo indefinido en el que sobrevive el descubrimiento y la sorpresa. Y en las obras textiles de Nilda Rosemberg, pertenecientes a la serie Trapos como banderas (2021), el hilván, el bordado manual y las costuras hacen visible el trabajo de unir. La costura no oculta necesariamente la separación: puede dejarla a la vista y, aun así, sostener la pieza. Es un gesto profundamente humano. No siempre se trata de devolver las cosas a su estado anterior. A veces reparar consiste en encontrar una manera distinta de seguir.
Re.parar no es una exposición exclusivamente sobre lo roto. Algunas de sus preguntas puedan resonar en quienes han atravesado una pérdida, una ausencia, un diagnóstico, un período de vulnerabilidad. Aun así, su territorio es más amplio: el cuidado de los cuerpos, de los vínculos, de los materiales y de aquello que necesita atención para permanecer. En palabras de su curadora, “una decisión consciente de sostener lo que tiende a quedar relegado”
Salgo con una idea sencilla: reparar no siempre significa arreglar. A veces es prestar atención, acompañar, sostener un vínculo o permitir que algo encuentre su nueva forma. Incluso cuando no sabemos muy bien qué hacer.
No se trata de huír de la fragilidad, sino de aprender a habitarla con cuidado.
Re.parar
Curaduría: Mariela Yeregui
Palacio Libertad, Sarmiento 151, CABA
Hasta el 11 de abril de 2027
Entrada gratuita.