Dudo, Luego Miro
Estoy en Fundación Proa, en Buenos Aires, frente a la obra de Thomas Demand. Y casi inmediatamente empiezo a dudar de lo que estoy viendo.
El artista alemán reconstruye con papel y cartón escenas que pertenecen a nuestra memoria visual. Las fotografía, convierte esas maquetas en imágenes y después las destruye. Queda solamente la fotografía.
Hay algo inquietante en ese procedimiento: reconozco lugares en los que nunca estuve.
Una sala de control de Fukushima. Un estudio de televisión. Una oficina. Una escalera. Demand parte de fotografías que circularon en diarios, revistas, archivos e Internet y vuelve a construir aquello que muestran. No copia la realidad: construye una versión de ella para fotografiarla.
En “Thomas Demand: El tartamudeo de la historia”, Fundación Proa presenta la primera gran retrospectiva del artista en Argentina. Curada por Douglas Fogle y organizada junto con la Foundation for the Exhibition of Photography, reúne alrededor de 60 obras entre fotografías de gran formato, videos y wallpapers. El recorrido atraviesa tres décadas de una práctica que se mueve con absoluta libertad entre la escultura, la fotografía y el arte conceptual.
Mientras avanzo por las salas, aparece la pregunta que atraviesa toda la exposición: ¿recuerdo un acontecimiento o recuerdo la imagen que los medios construyeron sobre él?
Demand trabaja exactamente en esa grieta. Vacía sus escenas de personas, pero las carga de historia. Todo parece familiar y, al mismo tiempo, algo no termina de cerrar. Es una copia de una copia que consigue hacerme dudar del original.
Miro más allá de la imagen. Empiezo a mirar de otra manera.
Porque estas fotografías no son simplemente reproducciones de escenas conocidas. Antes de llegar a la cámara hubo una construcción minuciosa: luz, sombra, color, reflejos, escala, composición. Demand no solamente reconstruye lo que ve sino que construye las condiciones para que yo lo vea.
En sus Historias, toma imágenes que los medios masivos repitieron hasta convertirlas en parte del imaginario colectivo y las devuelve a nuestra atención. Me obliga a detenerme frente a imágenes que creía conocer.
Después aparecen los Dailies y la escala cambia. Demand mira su entorno con el teléfono y encuentra pequeños acontecimientos visuales: un objeto, una sombra, unas tazas, un broche de ropa. Lo cotidiano, aquello que normalmente pasa de largo, adquiere otra densidad.
Pienso entonces en el haiku: detener un instante mínimo y revelar algo que estaba ahí, pero que no habíamos sabido mirar.
Demand desacelera la imagen. Y en una cultura que produce y consume fotografías a una velocidad vertiginosa, detenerse ya es casi una forma de resistencia.
Entonces la imagen empieza a moverse Demand no solamente reconstruye fotografías. También reconstruye el movimiento.En Tunnel (1999), recrea el túnel donde murió la princesa Diana. En Pacific Sun (2012), lleva esa operación al territorio del video y la animación stop motion.La obra parte de dos minutos de imágenes captadas por las cámaras de seguridad de un crucero atrapado por una tormenta frente a las costas de Nueva Zelanda. Durante meses, Demand y su equipo reprodujeron en papel y cartón cada desplazamiento del mobiliario: sillas, mesas, armarios, platos, monitores y hasta una planta en maceta.Fotograma por fotograma, el caos de un barco se convierte en una coreografía artesanal.
La paradoja me resulta alucinante. Internet convierte un accidente en una imagen viral en segundos. Demand necesita meses para volver a construirlo a mano. Su método es exactamente el contrario de la velocidad algorítmica: frente a una tecnología capaz de fabricar una escena en segundos, él construye lentamente, con papel, cartón, luz y trabajo manual. Como un escultor.
La IA puede inventar una escena que nunca existió. Demand reconstruye una escena que existió, y que aún existe en nuestra memoria colectiva, para hacernos dudar de ella.
Dudo, luego miro y me pregunto: por qué elegimos creer lo que vemos?
Miro hasta volver a dudar