Cultura

El Gran Retrato

Cuando la tecnología hace visibles las fuerzas de la Tierra, nuestra manera de representarla también cambia.

Silvina Scarano Semana 14 Read in English
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abstracto la tierra con forma de cara humana
AI assisted/generated image

Cuando el arte dejó atrás la representación exclusivamente divina, el aura también cambió de lugar: del dorado de la iconografía sagrada pasó al poder del ser humano como creador, protagonista de un tiempo y un espacio reales: la Tierra.

En el cruce entre ciencia, tecnología y arte digital que caracteriza buena parte del arte contemporáneo apareció hace tiempo la posibilidad de hacer visible aquello que, hasta hace poco, estaba fuera de nuestra mirada. El arte pasó de representar los cuerpos celestes a representar fuerzas invisibles.

La imagen de la gravedad

La NASA acaba de volver visible una de esas realidades invisibles. Se trata del geoide, una representación de la superficie gravitacional de la Tierra. No es una fotografía del planeta ni una esfera perfecta. Es un modelo construido a partir de enormes cantidades de datos obtenidos por satélite. Una visualización de su campo gravitacional. Y esa forma es extraña, irregular, casi orgánica. Por momentos parece una escultura digital. Por momentos, un planeta imaginado por un artista. Pero no fue dibujada, fue calculada.

A veces pienso que la historia del arte también podría contarse como la historia de nuestra manera de mirar la Tierra. Durante siglos la pintamos desde lejos. La imaginamos, la ordenamos, la convertimos en paisaje.

En los fondos de las obras de Leonardo, la naturaleza parecía abrirse detrás de los personajes como un territorio misterioso. Después, con los grandes paisajistas, la Tierra dejó de ser simplemente el escenario de una historia y se convirtió en protagonista. Turner la volvió luz, Monet la convirtió en atmósfera, Van Gogh en movimiento.

Y llegó la fotografía. De pronto ya no necesitábamos pintar el paisaje para conservarlo. Una cámara podía detenerlo. La Tierra podía quedar atrapada en un instante. Pero la fotografía también cambió nuestra posición frente al mundo. Empezamos a mirar desde otros lugares, a descubrir encuadres que el ojo solo no podía ver.

Después llegaron los aviones. Y más tarde, los satélites. La Tierra empezó a verse desde arriba. Durante miles de años nuestra mirada estuvo atada a la altura de nuestros ojos.

El planeta comenzó a convertirse también en una imagen. Y esa imagen empezó a entrar en el arte. La Tierra observada por máquinas. De pronto una máquina podía alejarse de nosotros y mostrarnos aquello que nunca habíamos visto: continentes, costas, desiertos, ciudades, incendios, tormentas y los vientos solares en las dos caras de la Luna.

Las Lunas de Venecia

En la actual Bienal de Venecia 2026, la artista estadounidense Dawn DeDeaux presenta "Studies of a Meteor: Time & Space", una instalación donde dos lunas que parecen haber perdido la vida giran en una proyección de video mientras un asteroide atraviesa su trayectoria.

La escena tiene algo de ciencia ficción, pero también de advertencia: lo cósmico y lo terrestre ya no pueden pensarse por separado.

DeDeaux no representa la Luna como lo hicieron los artistas de otras épocas. La convierte en una imagen tecnológica, móvil, inquietante. Y al mismo tiempo vuelve la mirada hacia la Tierra, hacia sus inundaciones, sus huellas y sus futuros posibles.

Después de siglos intentando representar los cuerpos celestes, la tecnología no solo le ofrece al arte nuevas herramientas para hacerlo. Está ampliando aquello que puede convertirse en imagen. Ya no se trata únicamente de mostrar cómo se ven, sino de hacer visibles sus fuerzas, sus movimientos, las variaciones de masa, los cambios del hielo, los fuegos que arrasan.

Copérnico desplazó a la Tierra del centro. El arte contemporáneo también nos desplaza para devolvernos algo más valioso: una materia que cambia de forma, escala, soporte y comportamiento. Una Tierra y una Luna que ya no necesitan parecerse a nosotros porque, por primera vez, no intentan mostrarnos cómo se ven. Intentan mostrarnos cómo fluyen.

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