Cultura

La Naturaleza Tiene Códigos

Desde flores y jardines hasta ciudades, arquitectura y luz, Chevalier traduce el mundo que habitamos a un lenguaje digital.

Silvina Scarano Semana 18 Read in English
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abstracto planta en un jardin moderno digital
AI assisted/generated image

No importa en qué hemisferio estés leyendo esta columna: gracias, primero, por hacerlo. Donde yo vivo, la primavera está por llegar. El paisaje empieza a cambiar, aparecen los brotes y las flores vuelven a ocupar su lugar. Pero la obra que quiero contarte hoy podría leerse perfectamente en pleno invierno, verano u otoño.

Porque parece hablar de naturaleza, flores y jardines, aunque en realidad habla de algo mucho más interesante: procesos que suceden en un mundo atravesado por la tecnología y marcado por la fragilidad de los cambios climáticos.

Crecer. Multiplicarse. Transformarse. Desaparecer. Volver a empezar.

Miguel Chevalier (1959, México. Vive y trabaja en París desde 1985) lleva décadas trabajando con esos movimientos de la naturaleza, pero los traslada a otro territorio: el digital. Sus jardines no necesitan tierra ni dependen de una estación del año. Florecen a través de algoritmos, luz, movimiento y código.

Por eso esta historia empieza con una flor, pero no termina hablando de flores. Habla de cómo una obra puede crecer. Chevalier no ilustra la naturaleza. La programa. Desde los años ochenta, cuando el arte digital todavía ocupaba un lugar bastante marginal, utiliza computadoras y sistemas generativos para construir paisajes que se transforman delante del espectador.

En octubre de 2026, Museum de Fundatie, en Zwolle, Países Bajos, inaugurará Digital by Nature, una exposición que reunirá alrededor de 120 obras y que recorre distintas etapas de su producción. Miguel Chevalier pertenece a esa generación de artistas que experimentó con la computadora mucho antes de que las imágenes generadas mediante sistemas computacionales se instalaran en nuestra vida cotidiana.

En Digital by Nature, Chevalier, pionero del arte digital, propone pensar tecnología y naturaleza como territorios capaces de potenciarse mutuamente. Hay instalaciones generativas e interactivas, videos, esculturas y dibujos realizados con impresión 3D y robótica, obras en las que algoritmos producen imágenes en transformación permanente y piezas que responden al movimiento de quienes las recorren. El resultado es una exposición que no se limita a mostrar tecnología: construye un espacio donde naturaleza, código, percepción y participación se encuentran. La experiencia también recupera un tema clásico de la historia del arte, el paisaje como reflejo de nuestra relación con el mundo. Lo lleva a un territorio contemporáneo, donde lo analógico conversa con lo digital y lo orgánico con lo generado por código.

La naturaleza de Chevalier no es un paisaje para contemplar. Es un sistema que funciona.

Flores que obedecen otras reglas

Desde los años noventa, sus series Sur-Natures construyen jardines virtuales capaces de crecer, proliferar y transformarse. Las imágenes no permanecen quietas. Generan nuevas formas siguiendo instrucciones matemáticas y modelos inspirados en procesos naturales.

En Fractal Flowers, la flor pierde su condición reconocible y se convierte en estructura. Se expande, se ramifica, se repite. Aparecen formas que recuerdan al mismo tiempo a una planta, un coral, una célula o una criatura microscópica. La pantalla deja de ser una superficie donde mirar imágenes. Se convierte en un terreno de cultivo.

Un jardín sin calendario

Sus flores pueden brotar una y otra vez. Pueden crecer durante horas, modificarse ante la presencia del público y desaparecer para volver a comenzar. Entrar en una obra de Chevalier es atravesar un ecosistema, una naturaleza gobernada por leyes diferentes.

La historia del arte está llena de jardines. El renacentista ordenó la naturaleza. El barroco la convirtió en espectáculo. El arte moderno experimentó con nuevas relaciones entre espacio, cuerpo y paisaje. Chevalier introduce una nueva variable: el código. Sus jardines no se organizan con senderos ni podas. Se organizan mediante algoritmos. El artista no controla el paisaje, controla las condiciones que permiten que una forma aparezca, se desarrolle y desaparezca. Lo que Chevalier pone en escena es el movimiento de la vida: crecer, expandirse, transformarse y volver a comenzar.

Florecer. Transformar. Activar

Una flor digital no tiene perfume, pero puede hacernos recordar uno. El comportamiento más interesante de una obra no siempre es lo que hace frente a nosotros, sino lo que consigue activar. Al experimentar la obra de Chevalier podemos ponerle memoria, estación y hasta perfume. Su tecnología no está buscando imitar la naturaleza. Está intentando activar la nuestra. Porque la naturaleza tiene códigos.

Y nosotros?

Miguel Chevalier

Digital by Nature

3 de octubre de 2026 – 4 de abril de 2027.

Museum de Fundatie, Zwolle, Países Bajos

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